Santuario del Acebo Cangas del Narcea

Santuario del Acebo Cangas del Narcea

El Santuario del Acebo, en Cangas del Narcea, es el segundo santuario más importante de Asturias, solo por detrás de Covadonga , esta a 1.200 metros de altura, presidiendo el Valle de Cangas del Narcea, se alza uno de los lugares más especiales de Asturias: el Santuario de Nuestra Señora del Acebo. No es solo un templo religioso. Es un lugar donde la fe, la historia y una naturaleza sobrecogedora se dan la mano de una forma que pocas veces se encuentra.

Santuario del Acebo Cangas del Narcea, el segundo más importante de Asturias

Situado a 1.180 metros de altitud, a tan solo 9 kilómetros de Cangas del Narcea, el Santuario del Acebo tiene su origen en el 8 de septiembre de 1575, cuando tuvo lugar el primer milagro en el lugar donde se levantaba una antigua capilla. Es quizás el segundo santuario en importancia de Asturias, por detrás únicamente de la Basílica de Nuestra Señora de Covadonga, y goza de una gran devoción en toda la comarca occidental.

Los milagros que lo cambiaron todo

Desde aquel primer milagro en 1575, son muchos los testimonios de personas que aseguran haber recibido la ayuda de la Virgen del Acebo.

Corría el año 1575, en tiempos del rey Felipe II, cuando una mujer llamada María de Noceda, que sufría una dolencia en una pierna que le impedía caminar sin muletas desde niña, asistió a la misa de Nuestra Señora de Septiembre. Los testigos relataron que, tras realizar la procesión alrededor de la ermita, la pierna quedó completamente sana.

A partir de aquel momento, la Virgen del Acebo comenzó a ser venerada como intercesora en curaciones, especialmente en casos de parálisis o problemas en las extremidades. Esto atrajo a miles de fieles de toda Asturias y de otras regiones de España, consolidando al santuario como uno de los lugares de peregrinación más importantes del norte del país.

Los testimonios no se detuvieron en el siglo XVI. En tiempos más recientes, una señora de Madrid peregrinó al santuario para cumplir una promesa: su hijo había sido desahuciado por médicos de Madrid y de Alemania, y tras hacer una novena a la Virgen del Acebo, se restableció por completo ante el asombro de los médicos. En agosto de 1993, una visitante de Cuenca refirió que nada más tocar el manto de la Virgen quedó sano un dedo que tenía completamente inmóvil desde hacía muchos años

La devoción a la Virgen del Acebo traspasó hace siglos las fronteras de Asturias. En 1713 la Cofradía del Acebo contaba ya con más de veinte mil cofrades entre asturianos, gallegos, leoneses y madrileños.

Aún hoy, hay quienes afirman haber experimentado curaciones inexplicables tras acudir al santuario, manteniendo viva la tradición de los milagros.

Una imagen con ocho siglos de historia

La talla original de la Virgen del Acebo es de tradición medieval, y aunque ha sufrido numerosas modificaciones a lo largo de los siglos, lo único que se ha mantenido intacto es su rostro: el mismo que contemplaban los primeros fieles del siglo XIII. La imagen, esculpida en madera policromada, muestra a la Virgen con el Niño en brazos, siguiendo el modelo de las vírgenes románicas con influencias góticas.

Durante épocas de guerra y conflictos, la imagen fue protegida por los propios habitantes de Cangas del Narcea, ocultándola para evitar su saqueo. Un gesto que habla de la devoción profunda que siempre ha despertado.

La romería del 8 de septiembre — el Día de las Promesas

Cada año, el 8 de septiembre, el santuario acoge una de las romerías más multitudinarias de Asturias: el Día de las Promesas. Miles de romeros se dan cita, algunos subiendo a pie en cumplimiento de una promesa, combinando lo religioso y lo festivo con reuniones de familias enteras. El domingo siguiente se celebra el Día de las Ofrendas, con procesión y bendición de ganado.

La Virgen del Acebo es la patrona de los Vaqueiros de Alzada, el pueblo trashumante tradicional del suroccidente asturiano, y la romería es un punto de encuentro que se mantiene vivo generación tras generación.

Vistas que quitan el aliento

La situación del santuario le otorga unas vistas excepcionales: en días despejados se divisa el puerto de Leitariegos, una buena parte de las montañas del macizo occidental de la Cornisa Cantábrica e incluso, hacia el norte, el mar.

El paisaje cambia radicalmente con cada estación: la primavera llena el valle de verde y flores silvestres; el verano regala atardeceres sobre las montañas que parecen postales; el otoño tiñe la subida de dorados y rojizos; y el invierno transforma el alto en un paisaje nevado de gran belleza.

Dónde comer en El Acebo

La visita al santuario se puede completar perfectamente con una comida en el propio alto. Hay dos restaurantes en la zona: el Restaurante Del Río El Acebo, situado al lado del santuario, especializado en cocina tradicional con productos de elaboración propia; y el Restaurante Santuario del Acebo, pegado al muro que rodea el templo, desde el que se puede ver la ermita mientras se come. 

La terraza del Restaurante Del Río es mucho más que una terraza: es un auténtico balcón con vistas a las montañas de Cangas del Narcea y de otras zonas asturianas. El establecimiento tiene una valoración de 4,8 sobre 5 en Google.

Cómo llegar

🚗 En coche — El Santuario del Acebo está a tan solo 9 km de Cangas del Narcea. Se puede acceder por dos rutas:

  • Por los pueblos de Robledo de San Cristóbal, Borracán y Vegalapiedra hasta la cima.
  • Por Limés y Castro de Limés, una alternativa igualmente bonita para subir al Santuario del Acebo.

🚶 A pie — Ruta Paseo del Vino – Los Viñedos y Santuario del Acebo — Una ruta preciosa que sale desde Cangas del Narcea siguiendo el Paseo del Vino, un sendero junto al río Narcea entre viñas, huertas y bodegas pasando por el Museo del Vino. El camino llega hasta la localidad de Limés, desde donde se asciende por Villarino de Limés hasta el Santuario del Acebo. Una ruta muy recomendable para disfrutar del entorno. Puedes consultar el track completo en nuestra página de Rutas de Senderismo.

🚴 En bicicleta — El Santuario del Acebo ha sido final de etapa de la Vuelta a España y la Vuelta a Asturias. Con una pendiente media del 8,7 % y rampas de hasta el 16 % en los tramos finales, es un reto para ciclistas con experiencia.

Una vez arriba, las vistas panorámicas sobre los valles y montañas merecen tomárselo con calma. Es habitual llevar una merienda campestre o acercarse a los bares y restaurante del alto.